Bio:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith

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En viejos tomos ahora apilados, olvidados y cubiertos de una espesa capa de polvo se relatan sucesos ocurridos en tiempos remotos. Algunos de esos tomos, si los leyéramos, hablarían de una familia, la familia Valmor, al servicio de Gondor durante incontables generaciones. Hablar de los Valmor es hacerlo de un linaje unido y atado por completo al destino de Gondor, una saga dedicada enteramente a la protección de sus plazas y tierras en tiempos de guerra. Aturax fue uno de aquellos valerosos guerreros dedicaron por completo su vida a esta noble y digna tarea.

Según los registros de la Ciudad Blanca, Aturax nació en el año 2973 de la Tercera Edad del Sol. Hijo de Atunan, perteneciente a la guardia personal de los Senescales de Minas Tirith y Dolriel. Primogénito de tres hermanos, pronto siguió los pasos de su padre, uniéndose al ejército como recluta a los 14 años de edad. Su formación militar se completó antes de lo establecido debido a las dotes innatas para la traza y planificación de estrategias sobre el terreno. A los 18 años su padre Atunan le regaló el espadón familiar, como símbolo de su mayoría de edad y portador del estandarte de los Valmor.

- Como bien sabes, hijo mío, ésta es Valmor, la hoja que da nombre a nuestra familia, el orgullo de nuestros antepasados que ahora portaras con todos los honores. – Solemne, hizo entrega de la espada, cuidadosamente envuelta en un paño de seda. – Será tu mejor aliada en el campo de batalla, donde tienes que cumplir con tu destino y tu obligación.

Clavando la rodilla en tierra, Aturax bajo la cabeza y sujetó por primera vez el arma que jamás se debería separar de él. Su capacidad de liderazgo le valió para promocionar por méritos propios unido a su gran capacidad de manejo del espadón y su soltura en la batalla. Fue nombrado alférez con 20 años y destinado a Osgiliath, retomada hacía solo 9 años.

- Hoy es un día importante, has demostrado tu valía al saber estar junto a los soldados, codo con codo en la batalla, así como prestando ayuda de gran valor para los líderes de los ejércitos. – Dijo Atunan tomando a su hijo por los hombros. En el rostro ya arrugado del soldado se reflejaba satisfacción, pero sus ojos no podían ocultar cierta preocupación. – Ha llegado tu momento, ahora abandonarás tu casa, donde has crecido y has vivido al amparo de los robustos muros blancos para enfrentarte al enemigo en primera línea de batalla. – Concluyó tratando de evitar soltar alguna lágrima. En ese momento su madre, Dolriel no pudo reprimir su llanto y abrazó a su hijo. Aturax miró a los ojos de sus progenitores y les habló con calidez.

- El destino me ha traído aquí, bien guiado por la senda que me habéis marcado vosotros. Qué me depara, lo ignoro, pero sea lo que sea una cosa es segura, os tendré presente hasta el resto de mis días. - A lomos de su corcél y rodeado por la vigésimo quinta compañía, marchó hacia Osgiliath para cumplir con las ordenes que le habían encomendado y cumplir con su papel en la defensa de Gondor. Pero la batalla por Osgiliath no había hecho más que comenzar y sucesivas luchas encarnizadas se vivieron entre sus ruinas.

Los días pasaban y la lucha crecía y crecía. Los ejércitos del este habían hecho retroceder a los gondorianos y obligado a ceder parte del control de la rivera oeste del Andúin, una derrota más haría que tuvieran que replegarse hasta la ciudad blanca, dando por perdida definitivamente la plaza. Las diferentes compañías que formaban el contingente ocuparon posiciones para cumplir con su objetivo, el de la vigésimo quinta fue la de retomar las calles adyacentes al puente que cruzaba la ciudad y suponía una posible entrada directa al corazón de la parte de la ciudad dominada por Gondor. Capitaneados por Fenduin la compañía se puso en marcha y partió con vítores de sus compañeros que esperaban ansiosos la victoria, a su lado Aturax, sin poder separar su mano de la empuñadura de su arma.

Fenduin repartió a sus soldados y ordenó asegurar el puente, si lo tomaban las fuerzas enemigas estarían perdidos. Fortaleciendo la barricada que habían construido, la compañía se preparó para la llegada del ejercito orco, pues sus rugidos ya eran audibles desde aquella parte del río. Una marea negra de criaturas de la oscuridad cubrió el horizonte y cargó con todas sus fuerzas. La primera oleada daño la estructura de la barricada, pero seguía en pie impidiendo el avance, en las siguientes oleadas los orcos cruzaron el río en improvisadas barcazas al tiempo que seguían presionando por el puente.

- ¡Por el río! ¡Vienen por el río! - Se oyó gritar a varios soldados.
- ¡Defended con vuestra vida esta posición! - Ordenó Fenduin al tiempo que desenvainaba. A su lado Aturax le imitó y se lanzaron a la batalla.

Los orcos eran muy numerosos pero llegaban debilitados y heridos por las flechas que los arqueros gondorianos lanzaban desde la retaguardia y por el esfuerzo que muchos hacían para llegar a nado después de ser arrojados a las aguas. Los que llegaban a tierra eran repelidos por los guerreros que allí les esperaban, lanzando estocadas por doquier. Las criaturas abrieron una pequeña brecha en la rivera del río y consiguieron rodear por dos flancos al capitán y al alferez que luchaban codo con codo. Valmor cortaba el viento y silbaba al tiempo que hacía brotar de los miembros ennegrecidos sangre tan negra como la misma oscuridad. Exhaustos, los dos oficiales aguantaron como pudieron la acometida, bailando al son del combate.

- Demuestra de qué estás hecho, hijo. Demuestra a estos malnacidos cómo lucha un soldado de Minas Tirith. ¡Por la Ciudad Blanca! - Espetó Fenduin.
- ¡Por el Árbol Blanco! - Respondió el joven Aturax mientras apretaba la mandíbula y continuaba despedazando quien osaba acercarsele.

Una decena de orcos yacía sin vida en el suelo mientras los oficiales trataban de recobrar el aliento cuando un grito de advertencia rompió el eco de la batalla.

- ¡Máquinas de asedio!

Grandes rocas cayeron del cielo derribando edificios y aplastando a varios hombres, llenando el aire de un ruido ensordecedor al impactar. Uno de los proyectiles cayó en el río a escasos metros de donde se encontraban Aturax y Fenduin, levantando gran cantidad de agua y mojando sus sucias armaduras de sangre orca.

- Vamos muchacho, debemos defender el puente. - Dijo el capitán al tiempo que corría hacia la barricada, seguido por su alferez.

La lluvia de piedras era incesante y los soldados corrían a protegerse donde podían, otros muchos continuaban luchando y plantando cara a los orcos que no dejaban de llegar. El capitán se giró a su alferez para ordenarle.

- ¡Muchacho, tienes que volver al campamento e informar, no aguantaremos mucho si no mandan refuerzos! - Gritaba mientras le empujaba para que se alejara.
- ¡Pero mi capitán, mi sitio está aquí, luchando contra el enemigo! - Respondió Aturax.
- ¡Es una orden! ¡Si no contenemos al enemigo en el puente no habrá nada más que defender! - Miró con severidad al alferez. Aturax retrocedió empujado por su superior y clavó los pies en la tierra, quería seguir luchando, junto a sus hermanos.
- ¡Vete ya, maldita sea!

Una enorme roca impactó contra el puente haciendo saltar la barricada, aplastando y lanzando por los aires roca y carne, levantando una densa humareda. Se oyó el crujido del puente, que cedió ante el impacto de la pesada piedra, haciendo temblar el suelo. Los cascotes de la que fue la barricada golpearon la cabeza y el torso de Aturax que cayó al suelo, mientras perdía la consciencia lentamente, a sus oidos el clamor de la batalla llegaba cada vez más suave, hasta hacerse el silencio y la oscuridad.

Días después, el joven soldado abrió los ojos.

- Mi señor, Valmor recobra el sentido. - Oyó decir a alguien. Intentando hacer un esfuerzo sobrehumano trató de incorporarse, pero le fue imposible.
- Deberíais descansar. Tenéis suerte de haber salido con vida, muchacho. - Dijo una voz grave que se le acercaba. - Muchos de los que te rodeaban no pueden decir lo mismo.

Volviendo a intentar incorporarse, acabo por desplomarse en la mullida cama donde reposaba, envuelto en vendajes. Se encontraba en las casas de curación, bajo la atención de muchas mujeres que velaban por la salud de los heridos.

- Cesad en vuestro empeño, capitán Valmor. Vuestra compañia no puede permitirse el lujo de perder dos capitanes la misma semana. - Le dijo el hombre, que ahora era visible. Ante él se alzaba un fornido hombre con una poblada barba marrón, del mismo color que sus cabellos y sus ojos. Ataviado en el uniforme oficial, informó al herido de los acontecimientos sucedidos. - Si, os he dicho capitán. Lamentablemente Fenduin cayó junto al puente, con quince de sus soldados. Pero no es momento de lamentos, vuestro coraje ha hecho que las tropas orcas no cruzaran la ciudad, hundiendose junto al puente que defendisteis con valor.

Tras recuperarse, muchos fueron los años que Aturax guió a la Vigesimo Quinta compañía en la defensa de las tierras circundantes a la Ciudad Blanca y Osgiliath. La guerra se volvía cada ves más cruenta y Faramir lideraba la defensa. Pero las fuerzas orcas eran más numerosas y fuertes que nunca, los orcos eran más grandes y fuertes, y a la batalla se les unían trolls y otras bestias de enorme tamaño. Los Nâzgul volvían a sobrevolar Osgiliath y la resistencia de las tropas de Faramir era insuficiente ante el potencial desplegado por el enemigo. Gondor casi había perdido su ultima posición en la plaza, cuando Denethor II ordenó enviar un gran contingente armado, liderado por su primogenito. La gran marcha encabezada por Boromir llegó pronto a las ruinas de la antigua ciudad y sus soldados se unieron a los que allí luchaban. Una vez posicionados, sólo faltaba esperar que la batalla se reavivara, pues una hueste orcos pretendía lanzar un contraataque sobre la ciudad para retomarla. Y no se hizo esperar, pocas horas después de la llegada del batallón un cuerno resonó en una de las torres que aún quedaban en pie en el lado oeste del río. Decenas y decenas de orcos cruzaron el Andúin y se enzarzaron en combate con los valerosos soldados de Gondor. El ruido de los metales entrechocando era ensordecedor al tiempo que algunas máquinas de asedio daban buena cuenta de los desgastados ladrillos de las pocas edificaciones que se alzaban desafiando el paso del tiempo y de las guerras. Las refriegas no cesaron durante días y el desgaste hacía mella en el ánimo y el coraje de los hombres de Gondor, pero la victoria estaba cerca. En un último y desesperado intento, las criaturas salvajes del este se lanzaron en tromba contra el hasta ahora muro infranqueable de los ejércitos gondorianos, que consiguieron repeler el ataque y asegurándose la plaza bajo el dominio del reino al menos durante un tiempo.

Henchido de orgullo, Boromir se dirigió a sus tropas, con el estandarte del árbol blanco en sus manos. Los soldados gritaban y coreaban su nombre mientras el guerrero ascendía un pináculo de rocas.

- ¡Boromir! ¡Boromir! – Gritaban sin cesar.
El hombre clavó el estandarte y desenvainó su espada para orgullo de sus compatriotas al tiempo que se dirigió a ellos con estas palabras:
- Esta ciudad fue antaño la joya de nuestro reino. Un paraje de luz, belleza y música. ¡Y así volverá a ser! – Un rugido de aprobación resonó entre las ruinas. – Que las huestes de Mordor lo sepan. Nunca la tierra de mi pueblo volverá a estar en sus manos. ¡Esta ciudad de Osgiliath, ha sido reclamada por Gondor!
- ¡Por Gondor! ¡Por Gondor! – Aclamaban los soldados allí congregados.

Denethor en persona había llegado para felicitar a Boromir en su empresa y reprender duramente a quien le había fallado, su hijo menor y los oficiales que le acompañaban. Fue así como recién llegado, miró a todos los oficiales con odio y prepotencia.

- Me habéis fallado, pero será la última vez. - El senescal caminó escoltado por su guardia personal al encuentro de sus hijos.

Más tarde, aquella misma noche, todos los oficiales fueron llamados uno a uno a su tienda, y le llegó el turno a Aturax. Entró en una lujosa tienda de campaña, encontrandose a dos hombres a cada lado de Denethor, que descansaba en una silla.

- Nombre y rango. - Dijo seco uno de los hombres.
- Aturax Valmor, capitán de la Vigésimo Quinta de... - El senescal alzando una mano le interrumpió.
- Irás al oeste. Buscarás un grupo de gente que se ha unido en concilio. Te pondrás a sus ordenes por mandato del Senescal de Gondor. Tengo entendido que tratan sobre alguna patraña que tiene que ver con el árbol blanco. - Dijo sin mirar al capitán.
- Pero mi señor, mi sitio está junto a mis hombres. Un capitán no puede abandonar a su compañía. - Respondió con estupor Aturax.
- Irás donde se te ordene. ¿No juraste lealtad a Gondor? Soy quien rige en Minas Tirith, obedecerás. - Dijo malhumorado.
- Pero... - Trató de continuar el capitán.
- Fuera de mi vista.

Horas después, el capitán Valmor montó en su corcel mientras su compañía le miraba partir. El silencio era roto únicamente por el resonar de los cascos de la montura sobre el adoquinado.


Cronologia

Aquella noche no hizo más que revolverse en su lecho, incómodo, incapaz de dormir plácido, en un duermevela que no mejoró su ánimo a la luz del día. Durante las últimas semanas se habían mezclado recuerdos de su pasado con sueños, hundiéndole más y más, sintiéndose cada vez más desdichado.

El sol del invierno calentaba de manera extraña el prado, que acariciado por la brisa hacía que las hierbas bailaran como al son de una música inexistente. El capitán abrió los ojos y sonrió al ver la silueta de una joven de bucles oscuros que adornaban su hermoso rostro mientras le devolvía la sonrisa.

¡Vamos, ven aquí! – Le dijo la joven, que tuvo como respuesta el movimiento de negación con la cabeza por parte del hombre. - ¡Vamos, no te hagas de rogar o tendré que ir a buscarte! – Replicó.
Fingiendo como que no le importaba, allí permaneció, inmóvil, recostado en la verde hierba, disfrutando de lo que veía. La joven frunció el ceño y corrió hacia el capitán, que no movió un solo músculo. Las pequeñas zancadas de ella le acercaron en pocos segundos y se abalanzó sobre él, haciendo que rodaran un poco por el suelo, entre risas. Finalmente sus miradas se encontraron, cuando él se giró abrazándola, situándose encima de ella, entonces se besaron.

Hacía algo más de un lustro que se conocían, ella era más joven que él, pero a ninguno de los dos le importó tal diferencia, no así a la familia de Lyrien, que así se llamaba. Desde el momento en el que se conocieron supieron que algo especial les había unido, un vínculo de los que pocos pueden presumir. No hacía mucho que habían descubierto que algo más les unía que una simple amistad, mucho más profundo. Sin embargo las obligaciones del capitán Aturax les mantenía alejados la mayor parte del tiempo, apenas sí podían disfrutar de unos días cada mes de la compañía del otro. Algo que tampoco les importó, ni la distancia ni el tiempo podría matar aquello que les había unido después de tantos años.

No era nuestro momento. – Le repetía cada vez que se veían. – No supimos ver, no pudimos verlo, pero ahora, ahora es nuestro momento. – Le decía cálida Lyrien mientras acariciaba sus negros cabellos rizados y le dedicaba una dulce sonrisa cada vez que se encontraban.

Ahora, lejos de su casa, de su vida, de su familia, exiliado de Gondor, Aturax no encontraba el descanso que su alma necesitaba. Viejos recuerdos le asaltaban la mente con asiduidad, haciendo que inevitablemente sus pensamientos fueran siempre en la misma dirección, haciendo marchitarse su corazón, dibujando y marcando en su rostro cada vez más el tiempo y la tristeza. Pasaría mucho tiempo hasta que alguien pudiera asegurar que le había visto sonreir de manera sincera.

Desde una ventana se asomaron los dos a observar la oscuridad de la noche que tenuemente iluminaban la luna y las estrellas. Arropados los dos bajo una misma manta, el brazo del capitán pasaba por encima del hombro de la joven, que le abrazaba. Allí, de pie compartían una pipa de hierba de La Comarca mientras reían y se lanzaban miradas cómplices. La larga espera había merecido la pena, por fin podían pasar unos días juntos, no se separarían ni un solo segundo mientras pudieran, pues ambos sabían que era poco de lo que disponían antes de que el capitán tuviera que regresar junto a sus hombres.

Aturax levantó a Lyrien y la tomó en brazos, todavía arropados bajo la misma manta mientras la pipa colgaba de su boca. El humo del tabaco de los medianos empezó a cegar uno de sus ojos y a tientas trató de llegar a un pequeño sillón que había cercano a la ventana, donde solo pudo tropezar y caer milagrosamente sentado. La joven cayó con todo su peso sobre las piernas del capitán que dejó salir un pequeño aullido de dolor al sentir como los huesos de su amada se clavaban en sus piernas.

¡Ten cuidado, no tengo huesos, tengo hachas! – Dijo riéndose ella.
¡Huesachas! – Respondió Aturax al tiempo que Lyrien le quitaba la pipa para dar una calada.
¡Huesachas! – Repitió a carcajadas la joven, para después besarle.

Aquellos días que pasaron juntos los recordaría para el resto de su vida, y de manera más especial en esos momentos. Como en aquella misma noche, donde más tarde ambos tumbados a la orilla de la chimenea se miraron con amor, mientras la joven recitaba una canción que ella adoraba.

“No te preocupes por la distancia
estaré allí si se sientes solo
tan solo escucha mi canción
cierra tus ojos y escucha mi voz
estaré siempre a tu lado.”

El capitán no pudo reprimir que una lágrima callera por su mejilla al oírla cantar, con una sonrisa ella la recogió con sus suaves manos, acariciando la cara del hombre. En aquel momento despertó, sorprendiéndose a sí mismo al descubrir como esa misma lágrima que aquella noche recorrió su mejilla, volvía a hacerlo al repetirse aquellas imágenes en su mente.
Aquel recuerdo, aquella noche, aquellos días le acompañarían el resto de su vida, haciendo que dibujara una sonrisa melancólica.

Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pues no es cierto, el capitán sabía lo que tenía, y por ello su amargura se hizo más intensa al saber que la había perdido.
« última modificación: 29 de Octubre de 2014, 15:31:25 por Aturax »

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Desconectado Helmander

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #1 en: 20 de Agosto de 2011, 22:19:09 »
Muy bien escrita, si señor...y como te he dicho, me gusta como defines en poco espacio a Denethor! La escena de batalla genial!!! en serio...muy bien!!

Quizá, pensando un poco, supongo que Denethor sabe de la existencia del Concilio a través del Palantir. Hay mucho talento en tan poco espacio...!! +1 obligado y gustoso de darlo.

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #2 en: 20 de Agosto de 2011, 22:35:42 »
  Aturax es de las mejores historias que he leido sobre personajes del Concilio. En serio me ha encantado +1. Muy hábil como introduces la batalla y las frases de Boromir (exactamente como las dice en la versión extendida), muy coherente la historia y enormemente entretenida. Bravo!!

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Desconectado Aturax

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #3 en: 20 de Agosto de 2011, 22:40:23 »
Si, la escena de Boromir me gustaba meterla tal y como aparece en la peli porque tiene mucha fuerza. Me costó empezarla, porque estaba faltisimo de inspiracion, pero una vez me puse, las palabras han ido saliendo solas. Me alegra que os guste!

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #4 en: 21 de Agosto de 2011, 00:24:02 »
Historiaca!

muy bien narrada,con mucha garra!

con guiño al Concilio :P

Citar
Quizá, pensando un poco, supongo que Denethor sabe de la existencia del Concilio a través del Palantir. Hay mucho talento en tan poco espacio...!! +1 obligado y gustoso de darlo.


buena idea Hel,lo del +1 y lo del Palantir .P

No sabia lo de la escena esa...es que tengo que confesar que no vi las ediciones extendidas....

Alguna idea de donde puedo las pelis en edicion extendida a "buen precio casi gratis"?


« última modificación: 21 de Agosto de 2011, 00:26:16 por scoria »

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #5 en: 21 de Agosto de 2011, 00:37:07 »
  Scoooooo no tienes las extendidas? Mira tio porque vives en Galicia que sino te las llevaba mañana mismo. Si adoras los films y el mundo de Tolkien (sobretodo esto porque en las extendidas es donde mas guiño hacen a la novela) es de las cosas más rentables (en cuanto a disfrute), que puedes tener. Voy a ver donde pueden estar online...

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #6 en: 21 de Agosto de 2011, 01:07:11 »
Esta muy chula historia, enhorabuena. El unico pero que le veo es que tu pj tendria ahora alrededor del 1000 años porque nacio en 2072. mas one no obstante!

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Desconectado Aturax

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #7 en: 21 de Agosto de 2011, 07:40:53 »
Hostia q ida de olla, es 2972! Gracias por el detalle!!!

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #8 en: 21 de Agosto de 2011, 11:15:37 »
Ahora si ha quedado de pm  ;)

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #9 en: 22 de Agosto de 2011, 10:08:52 »
Al final me va a caer bien Denethor. Atu, con nosotros te hartarás de patrañas, en eso no hay quien nos gane y Denethor lo sabía por el Palantir o porque el sabio Galdalang consultara la biblioteca de Minas como ya hizo Gandalf para sus cosillas de mago.

+1

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Re:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #10 en: 29 de Agosto de 2011, 19:51:40 »
Te añadi al indice,eres el unico que pone fechas concretas!

bravo Atu!!!

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Re:Bio:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #11 en: 29 de Octubre de 2014, 15:31:58 »
Continuo la historia de Aturax, a ver si me vuelve la inspiración :D

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Re:Bio:Aturax Valmor, capitán de la Vigesimo Quinta de Minas Tirith
« Respuesta #12 en: 03 de Noviembre de 2014, 19:07:43 »
3 años despues,a lo loco!xDD